A partir de las nominaciones que habéis hecho en la primera fase, Ecologistas en Acción y las entidades colaboradoras en este certamen han confeccionado la lista definitiva de empresas candidatas para la votación final, que se realizará de manera telemática. No te pierdas la descripción de lo que performa cada una y vota al ecopostureo que más rabia te dé.
Vota a una de las empresas finalistas!
MSC Cruceros
¿Surcar el mar en un macro crucero con otros 6000 pasajeros y más de 200 tripulantes
y que nos digan que estamos contribuyendo a la salvación de los océanos?
Ser o no ser sostenibles, esa es la cuestión
MSC Cruceros afirma recorrer los océanos “con el máximo cuidado”. En su página web leemos que “la sostenibilidad no es sólo una palabra de moda, sino un compromiso empresarial a largo plazo”. Pues bien, debe ser a muy, muy largo plazo pues, por el momento, la intención de la empresa es incrementar su flota de cruceros de los 22 actuales a 33 para 2030. Sus cruceros son enormes ciudades móviles que precisan una ingente cantidad de energía para impulsarse y proveerse de todo lo que necesitan sus habitantes y que, además, generan una enorme cantidad de residuos. Sin embargo, presumen tanto de su compromiso con el medioambiente que han llegado a decorar el casco de uno de sus más insignes cruceros, el MSC Euribia, con el hashtag #Savethesea.
Sobre el MSC Euribia afirman que realizó el primer viaje de “cero emisiones netas”, toda una hazaña, si no fuera porque en sus cálculos olvidan algunos “detallitos”, como que el gas natural licuado (GNL) -sea bio o no- que impulsa al Euribia emite CO2 a la atmósfera, aunque, vale, sí, menos que otros combustibles y puede que lo hayan compensado, pero el problema es que, ay, ay, ay, siempre se escapa de los motores un poco de metano (CH4), un gas de efecto invernadero 86 veces más nocivo para el cambio climático que el CO2. ¡Vaya, qué mala suerte!
Pero, no nos alarmemos, por favor: en 2024, MSC organizó nada menos que 284 tours de bajo impacto climático, ¡en bicicleta y kayak!
Y, no solo eso, resulta que en 5 de sus 22 cruceros han instalado un sistema de control de ruido submarino para proteger a sus amadas ballenas. Conmovedor, ¿verdad?
Lo dicho: MSC, protector del clima y guardián de los océanos.
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El MSC World Europa es el que más CO₂ ha emitido en los viajes desde y hasta Barcelona desde mayo de 2023 hasta junio de 2025, con 92.927 toneladas en 92 viajes, según los periodistas de investigación de ‘Crític’ (¿Cuánto CO2 emiten los cruceros que llegan a Barcelona?).
En su último informe de sostenibilidad, MSC reconoce que alcanzará su máximo nivel de emisiones en 2030, cuando tenga sus 33 cruceros. A partir de entonces dice que comenzará a reducir las emisiones absolutas a medida que cambien a combustibles “renovables”, en especial, el bio-GNL. Por lo visto, confían en alcanzar “0 emisiones netas” para 2050.
Aunque, ciertamente, el GNL emite menos CO2 a la atmósfera que otros combustibles (por cierto, menos no es igual a 0), el problema es el siguiente: las fugas de metano (Return of the cruise - Transport&Environment). Estas fugas se producirían igualmente aunque utilizasen combustibles “renovables”, como el bio-GNL, ya que las fugas no tienen nada que ver con el origen del GNL sino que se producen porque el motor no quema todo el gas y una parte se libera a la atmósfera en forma de metano. Además, también se producen fugas durante la cadena de producción del gas, su licuefacción y almacenamiento, sea cual sea su origen. Recordemos que el metano es un gas de efecto invernadero hasta 86 veces más nocivo que el CO2. Por ello, si para MSC la clave para alcanzar cero emisiones netas es el GNL, en cualquiera de sus formas (GNL, bio-GNL o e-GNL), esta promesa es inalcanzable.
Otro de los impactos negativos asociados a los cruceros es la emisión de óxidos de azufre (SOx), muy perjudiciales para la salud, ya que pueden provocar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de contribuir a la formación de lluvias ácidas. España se sitúa entre los países más afectados por este tipo de emisiones procedentes del sector de los cruceros. De hecho, Barcelona fue en 2022 el puerto más contaminado de Europa. En la capital catalana, los cruceros llegaron a emitir casi tres veces más SOx que todos los coches de la ciudad, según ‘Crític’ (¿Cuánto CO2 emiten los cruceros que llegan a Barcelona?). Si bien el uso de GNL permite reducir parcialmente las emisiones de SOx, MSC Cruises encabezó ese mismo año en Europa el ranking de navieras con mayores emisiones de óxidos de azufre: 3.358 toneladas, según estimaciones de la organización Transport&Environment. Sus entonces 19 buques operando en aguas europeas emitieron una cantidad de SOx equivalente a la generada por 291 millones de automóviles. De hecho, en su último informe de sostenibilidad de 2024, MSC constata un incremento continuado de sus emisiones de SOx (2022: 1.918 toneladas, 2023: 2.374 toneladas y 2024: 2.408 toneladas). Aunque MSC utilice depuradoras para limpiar los gases de escape, una parte del agua de lavado de ese proceso va a parar al mar, transfiriendo la contaminación del aire al agua marina.
Ya en Holanda y en Reino Unido las autoridades han dado la razón a las organizaciones que han denunciado la publicidad engañosa sobre la sostenibilidad de los cruceros de MSC propulsados por GNL. Sin embargo, en España, la Agència Catalana del Consum no considera engañosos los mismos reclamos que en Holanda y Reino Unido se obligaron a retirar.
Abanca y B100
¿Pagar con tarjeta para salvar el océano? El “milagro verde” de Abanca y su tarjeta “Pay to Save”.
Abanca, a través de su filial B100, ha descubierto la fórmula mágica para que no te sientas culpable por gastar: la tarjeta “Pay to Save”. Con esta tarjeta, puedes irte de compras a la vez que limpias los océanos y salvas el planeta: ¡todo al mismo tiempo!
Bajo el lema “Que no lo pague el planeta” un banco que se autoproclama “healthy” nos presenta una tarjeta de crédito que promete “limpiar plástico del mar” cada vez que la usas para comprar. ¡Increíble! Pero incierto… Y es que la realidad, para sorpresa de absolutamente nadie, es bastante menos épica. El healthy banking de Abanca se limita a hacer una aportación simbólica a un proyecto de recogida de plásticos, para poder venderse como si fuera la cabecilla de la gran cruzada ambiental del siglo.
Una estrategia publicitaria que es el paradigma del greenwashing y que únicamente busca aumentar los beneficios del banco con la excusa de una sostenibilidad ambiental que ni está, ni se la espera.
¿Vamos a limpiar el mar a base de consumir más con tarjeta de crédito? El nuevo invento de Abanca tiene todos los ingredientes para ser un éxito comercial tan revolucionario como engañoso para el consumidor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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La campaña publicitaria de Abanca, a través de su filial B100, se fundamenta en afirmaciones simplistas y genéricas que omiten datos esenciales, impidiendo que el consumidor tome una decisión basada en hechos reales.
La entidad, que se vende como un banco “healthy” afirma destinar el 25% de sus ganancias por transacción a la recogida de plásticos, pero oculta que dicho porcentaje se calcula exclusivamente sobre una tasa de intercambio que representa apenas entre un 0,0434% y un 0,1362% del valor de la compra. Esta estructura financiera implica que la contribución real al medio ambiente por cada pago realizado sea ridícula.
Además, mientras la marca utiliza un discurso de sostenibilidad para captar clientes, Abanca mantiene activas inversiones en sectores altamente contaminantes como los combustibles fósiles, utilizando esta campaña como una herramienta de lavado de imagen o greenwashing. El mensaje comercial que vincula directamente el gasto con la limpieza del plástico resulta engañoso, ya que ignora el impacto ambiental del consumo incentivado por la propia tarjeta.
Zara
Si no vas a la moda, no molas.
¿Otra vez repitiendo el modelito?
!Esta camiseta ya me la han visto! ¡Total, por lo que cuesta, me doy el capricho!
¿Cómo no voy a comprarme esta camisa, si es perfecta para la ocasión y sólo me cuesta cuatro euros con noventa y nueve? Si no me la pongo más da igual. Total, por lo que vale… El consumo acelerado de ropa es una estrategia de venta de las empresas de moda que crea necesidades donde no las hay: temporadas cada vez más cortas, técnicas de venta online como “solo quedan tantas unidades”. Así cada vez más usamos una pieza de ropa como si fuera un pañuelo de usar y tirar.
Por supuesto, los precios muy reducidos no reflejan los costes por daños al medio ambiente en la producción de las prendas, ni cuentan con condiciones laborales y salarios dignos para las personas trabajadoras. Con la tercerización, la empresa externaliza el servicio de fabricación y así deriva el riesgo y cualquier responsabilidad, pues alega que su proveedor ha subcontratado sin su autorización. Se buscan países donde no hay legislación que proteja a los trabajadores, donde no existen controles ni auditorías, como es el caso de Camboya, donde producen marcas como Zara, H&M y Gap; China, Bangladesh, India, Vietnam o Turquía. Y en los países donde sí hay una legislación laboral son personas inmigrantes sin papeles quienes desempeñan la labor como mano de obra esclava sin reconocer. Por ejemplo, en Brasil, en la ciudad de São Paulo, las personas inmigrantes procedentes de Bolivia se han convertido en carne de cañón para los talleres clandestinos que proveen a las grandes marcas.
Pero con la campaña Join Life de Zara ¡ya está todo resuelto! Dice fomentar la moda sostenible y la producción responsable: Utiliza materiales más sostenibles, (aunque no sabemos cuanto más sostenibles y a qué llaman sostenibilidad), reduce el consumo de agua en el proceso de fabricación (tampoco sabemos cómo ni cuánto) y promueve la economía circular ¡uau!: En el apartado Zara Preowned de su web ofrecen servicios de reparación, venta de segunda mano y donación a ONGs, bajo el lema de: ¡La moda sostenible está ahora al alcance de todos gracias a Join Life! No importa que en 2011 se destapara que proveedores de ZARA utilizaban trabajadores bolivianos, incluidos menores de edad, en condiciones análogas a la esclavitud en Brasil, que el gobierno brasileño amenazara con incluir a Zara en la lista negra de empleadores de mano de obra esclava y que terminara acordando con Inditex una multa de 3,4 millones de reales (1,4 millones de euros), muy por debajo de lo inicialmente solicitado.
Join Life puede ser un paso en la dirección correcta, porque incorpora tecnologías y materiales que reducen impactos puntuales, pero sin transparencia pública, umbrales claros y transformaciones en el modelo de negocio (reducción del volumen y mejora de la durabilidad), la etiqueta corre el riesgo de convertirse en un mecanismo de comunicación más que en una solución sistémica. El formato de venta basado en precios bajos y reclamos publicitarios de colecciones limitadas que se acaban en pocos días sigue incitando a la compra rápida y poco reflexiva.
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El informe: ‘Sombra aquí, sombra allá. Cómo la industria textil maquilla su imagen medioambiental’ demostró que la industria del fast fashion no es tan sostenible como nos cuentan y es responsable de:
Hasta un 10% del total de las emisiones de efecto invernadero según datos de United Nations Climate Change, lo que supone más que la industria de la aviación y el tráfico marítimo combinados.
Una gran demanda de agua -se estima que para elaborar unos vaqueros se necesitan entre 2.000 y 3.000 litros de agua, según el modelo,
Una importante contaminación que va a parar a las aguas residuales, especialmente debido al uso de tintes y procesos químicos.
Cada vez compramos más ropa y la usamos durante menos tiempo. En Europa, cada persona consume unos 26 kilos de ropa al año y se desprende de otros 111 kilos, lo que, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, significa alrededor de 270 Kg de emisiones de CO2 por persona y año (datos de 2020), y supone 121 millones de toneladas de gases de efecto invernadero sólo a partir de los productos textiles.
¿Cuál es el resultado final?
Estas prendas terminan en muchas ocasiones siendo exportadas a países del sur global donde, o bien son revendidas -con un importante impacto sobre los y las productores locales-, o bien terminan en vertederos al aire libre en los que se descomponen durante años en un proceso que supone la liberación de gases de metano.
¿Soluciones?
No permitir el trabajo esclavo, que es lo que alimenta el sistema capitalista de producción y consumo infinito.
Reflexionar sobre el origen y los costes de los productos que consumimos
No permitir que se traslade la responsabilidad al propio consumidor, sino al verdadero culpable y presionar para prohibir prácticas abusivas y poco éticas con las personas y por ende, con el planeta.
Cuando se determine el ganador, en palabras de Ecologistas en Acción “le pondremos en sus propios morros el premio”: se le exigirá públicamente un cambio a productos honestos y verdaderamente ecológicos, y se le solicitará amablemente que se abstenga de engañar. El 7 de abril conoceremos a la empresa ganadora.
Premios Eco Bling-Bling: un certamen que galardona el postureo de empresas
que hacen caja gracias al brillo de su lavado verde
En el momento histórico
actual, cuando la mayor parte de la sociedad es consciente de la crisis ecológica
–cristalizada en la emergencia climática y la pérdida de biodiversidad–,
las empresas proclaman estar transformando su funcionamiento para hacerlo más sostenible.
El problema es que, demasiado habitualmente, estas empresas no ofrecen ningún tipo de prueba y,
con frecuencia, no cumplen de verdad lo que aseguran.
Predicar los beneficios de sus procesos
de producción para el medio ambiente, prometer reducir gradualmente sus emisiones o estampar en sus
envases una imagen o sello evocando la naturaleza son algunas estrategias que utilizan las empresas para llenar
de brillo sus marcas. Pero ¿son estos reclamos siempre honestos? Y, si no lo son, ¿qué
podemos hacer para defendernos de estas “mentiras verdes”? Al fin y al cabo, cada
una de nuestras compras es una decisión que debería ser coherente con nuestros valores personales.
Y para que pueda serlo, necesitamos un correcto conocimiento de la realidad.
Por eso, nacen
los Premios Eco Bling-Bling, una propuesta impulsada por Ecologistas en Acción, en colaboración
con organizaciones de consumidoras y consumidores, para sacar a relucir las trampas y mentiras de las empresas
que presumen de un compromiso ambiental cuando, en realidad, no es más que pura ostentación
ambientalista.